Etapa VI · Postular
Cómo es el proceso para postularse a una maestría en Estados Unidos: la experiencia de dos becarias Fulbright
Victoria Contreras del Olmo y Bahía Gatti · 16 de agosto de 2026

Victoria Contreras del Olmo y Bahía Gatti se postularon a Fulbright por primera vez en marzo de 2022 y no fueron seleccionadas. Meses después volvieron a presentarse a una convocatoria conjunta de Fulbright y el Consejo Federal de Inversiones destinada a candidatos de las provincias argentinas, y esta vez ambas obtuvieron la beca. Victoria, salteña, politóloga y licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Torcuato Di Tella, cursó el Master of Public Policy en la University of Maryland. Bahía, cordobesa y también formada en Relaciones Internacionales y Ciencia Política, cursó el Master of International Affairs de Columbia University. Las dos viajaron a Estados Unidos en 2023 y reconstruyen acá cómo fue el proceso desde la primera postulación hasta la llegada a la universidad.
Esta nota es diferente de las demás de la serie porque no reconstruye únicamente una trayectoria profesional, sino un proceso de aplicación que Victoria Contreras del Olmo y Bahía Gatti hicieron prácticamente en paralelo. Las dos se presentaron a Fulbright en 2022, recibieron una respuesta negativa en la primera convocatoria y volvieron a postularse ese mismo año a una segunda opción dirigida a candidatos del interior del país.
"En 2022 las dos aplicamos a la beca Fulbright en marzo, que es cuando cierra la convocatoria, y no quedamos seleccionadas. Pero en agosto hubo una nueva convocatoria, en conjunto con el Consejo Federal de Inversiones para las provincias del interior, y ahí sí quedamos. Salta y Córdoba, representando al interior."
La segunda convocatoria tenía además un calendario más comprimido que el proceso regular. Como fueron seleccionadas varios meses después que otros becarios de la misma cohorte, tuvieron menos tiempo para preparar los exámenes de admisión, definir universidades, escribir ensayos y completar las distintas solicitudes.
Primero, definir dónde aplicar
Una de las primeras decisiones después de obtener la beca fue construir una lista de universidades. En Estados Unidos existen cientos de programas de posgrado y, para alguien que empieza la búsqueda desde Argentina, las instituciones más conocidas internacionalmente representan apenas una parte de las alternativas disponibles.
"Aparte de los documentos y la parte más burocrática, había que elegir las universidades. Lo que pasa es que hay tantas universidades en Estados Unidos que uno conoce diez, veinte. Tenés que investigar, analizar los programas, cuáles convienen a tu perfil, y armar un ranking de tus favoritas."
En un proceso gestionado a través de Fulbright, esa lista no se arma completamente por cuenta del candidato. El programa también participa en la selección de instituciones y puede recomendar cambios en función del perfil académico, las posibilidades de admisión y las alternativas de financiamiento disponibles.
"Ellos te tienen que aceptar esa lista, y a veces te dicen que de la lista que presentaste te cambian o te sugieren otras. Y vos tenés que aceptar o rechazar."
Por eso, elegir universidades no consiste únicamente en ordenar instituciones según un ranking. Hay que comparar el contenido académico de cada programa, los requisitos de ingreso, el perfil habitual de sus estudiantes, las oportunidades de financiamiento y el costo que podría quedar pendiente después de recibir una eventual beca institucional.
En el caso de Victoria, esa búsqueda terminó en la University of Maryland, donde cursó una maestría en Políticas Públicas con especialización en seguridad internacional y política económica. Bahía, en cambio, eligió el Master of International Affairs de Columbia University, en Nueva York, con especialización en tecnología.
Los exámenes
Otra parte importante de la preparación fue rendir los exámenes requeridos por las universidades. En ese momento, ambas tuvieron que preparar tanto un examen de inglés como el GRE, aunque los requisitos concretos dependen de cada programa y pueden cambiar de un año a otro.
El TOEFL evalúa comprensión lectora y auditiva, expresión oral y escritura académica en inglés. Más allá del puntaje total, algunas universidades establecen mínimos específicos para cada sección, algo que conviene revisar antes de elegir una fecha de examen.
"Yo lo tuve que rendir dos veces porque a pesar de haber conseguido un buen resultado, más de 110 sobre 120, en el speaking me había sacado 24, y algunas universidades como Harvard pedían mínimo 25 en cada sección además de más de 100 en total. Puede ser tricky: el examen no es tan difícil, pero el speaking es la sección con la que hay que tener más cuidado. Que sepas hablar en inglés no significa que te vaya a ir bien en el speaking del TOEFL."
La experiencia sirve para distinguir entre dominar el idioma y conocer el formato de un examen estandarizado. Una persona puede utilizar inglés todos los días y, aun así, necesitar preparación específica para responder dentro del tiempo y de la estructura que exige el TOEFL.
El GRE planteó otro tipo de dificultad. Al venir ambas de áreas vinculadas con ciencias sociales, la sección cuantitativa exigió recuperar contenidos de matemática que no necesariamente utilizaban de manera cotidiana.
"Las dos venimos de áreas sociales, así que matemática y estadística no eran nuestro fuerte. Es un examen muy demandante y teníamos muy poco tiempo para prepararlo. Recomiendo prepararlo en tres meses como mínimo, y nosotras tuvimos uno."
Para estudiar utilizaron Magoosh, una plataforma de preparación que combina contenidos teóricos, ejercicios y simulacros de examen. La eligieron principalmente porque podían organizar el estudio según sus propios horarios y porque encontrar profesores especializados en GRE en Argentina era bastante más difícil.
"Te da exámenes de práctica y módulos donde te enseñan todos los temas que te van a evaluar, y si te va bien ahí tenés un parámetro del examen real."
Los formatos del TOEFL y del GRE cambiaron desde que Victoria y Bahía hicieron sus postulaciones, por lo que las duraciones, secciones y requisitos deben revisarse nuevamente al momento de aplicar. Lo que permanece vigente es la conveniencia de mirar primero qué exige cada universidad y preparar los exámenes en función de la lista concreta de programas.
Los ensayos
Además de los antecedentes académicos y los exámenes, Fulbright requiere ensayos en los que el candidato explica tanto su recorrido personal y profesional como los objetivos académicos de la maestría. "Tenés que escribir el personal statement y el study objective. Son distintos, cada uno tiene sus características, y es demandante."
Los dos documentos cumplen funciones diferentes. El personal statement permite explicar experiencias y decisiones que ayudan a entender el recorrido del candidato, mientras que el study objective está más concentrado en qué quiere estudiar, por qué necesita esa formación y cómo se relaciona con su trayectoria profesional.
La forma más útil de pensarlos, según la experiencia de ambas, fue construir una relación clara entre lo realizado hasta ese momento, la formación que buscaban en Estados Unidos y lo que pretendían hacer después.
"Qué hiciste antes, qué estás haciendo ahora y a dónde querés llegar. O sea, cuál es el motivo por el que querés estudiar este máster."
El objetivo no es simplemente enumerar logros que ya aparecen en el currículum, sino explicar por qué determinado programa tiene sentido dentro de un recorrido profesional concreto. Los ensayos también pueden adquirir mayor importancia cuando otros componentes del expediente, como un examen estandarizado, no son particularmente fuertes.
Después de aplicar, esperar las respuestas
Una vez enviados los formularios, comienza un período de varios meses en el que las universidades evalúan las solicitudes y comunican sus decisiones en fechas diferentes.
"Terminamos de enviar todo más o menos en diciembre, algunas en enero, y las respuestas empiezan a llegar a fin de febrero, marzo, abril, con la mayoría concentrada alrededor de marzo."
La incertidumbre no se limita a saber si una universidad va a admitir al candidato. En muchos casos, el financiamiento se comunica junto con la admisión o poco después, de modo que durante varias semanas se reciben combinaciones diferentes de aceptación y ayuda económica.
"No sabés si te van a admitir, y si te admiten, cuánto te van a dar de beca. Porque si te aceptan todas las universidades pero ninguna te da beca para la matrícula, tal vez no podés viajar."
Esto es particularmente relevante para candidatos internacionales porque el costo de una maestría estadounidense puede ser muy alto y Fulbright no necesariamente reemplaza toda la ayuda financiera que debe aportar la universidad. En muchos casos, el esquema final termina combinando distintos recursos.
Victoria, por ejemplo, recibió de Maryland una beca que cubrió 40 de los 48 créditos de su maestría, además del apoyo que ya tenía de Fulbright. Bahía también complementó el financiamiento de Fulbright con otras becas para cursar en Columbia.
Por eso conviene esperar, siempre que los plazos lo permitan, a tener todas las ofertas académicas y financieras antes de tomar la decisión final. "Tenés que esperar que lleguen todas para poder decidir cuál universidad te cierra más, según cuáles te aceptaron y qué beca te ofrecieron."
Hablar con las universidades sobre el financiamiento
Una carta de admisión tampoco significa necesariamente que las condiciones económicas sean definitivas. Cuando un estudiante recibe ofertas de distintas universidades, puede consultar si existe margen para mejorar el paquete de financiamiento, especialmente cuando necesita cubrir una diferencia para poder aceptar.
origen
Salta y Córdoba
destino
Estados Unidos
institución
Maryland y Columbia
"Si todavía te falta un poco, podés tratar de pedirles que te den más. Las universidades lo entienden."
La negociación puede consistir simplemente en explicar que existe otra oferta económicamente más conveniente, preguntar si hay fondos adicionales disponibles o consultar por assistantships y otras formas de apoyo. No todas las universidades modifican sus propuestas y tampoco existe garantía de conseguir más dinero, pero preguntar forma parte del proceso en muchos programas.
El otro elemento que Victoria y Bahía tuvieron que definir fue cuánto estaban dispuestas a financiar con deuda personal. Una universidad puede ser académicamente atractiva y, aun después de recibir ayuda, dejar una diferencia considerable.
Victoria había sido admitida en Duke, pero la oferta implicaba recurrir a un préstamo para cubrir el monto restante y decidió no hacerlo. "Yo había quedado en Duke, pero incluso negociando iba a tener que tomar un préstamo, y personalmente no lo quería hacer."
Comparar ofertas, por lo tanto, implica mirar algo más que el nombre de la institución. El costo final, el tipo de financiamiento y la deuda que eventualmente queda después de graduarse pueden modificar por completo cuál es la alternativa más conveniente.
La visa
Una vez elegida la universidad, comenzó la etapa migratoria. Como becarias Fulbright, ambas viajaron con visa J-1 y contaron con asistencia del programa para gestionar la documentación y el turno consular.
"Yo hice la visa en julio. Fue un trámite rápido, creo que lo habré hecho en media hora. Fulbright consigue el turno y financia el trámite, así que no nos tuvimos que preocupar por esa parte del proceso."
La visa J-1 tiene condiciones particulares que conviene conocer antes de aceptar la beca. Entre ellas, muchos participantes quedan sujetos al requisito conocido como 212(e), que exige acumular dos años de residencia en el país de origen antes de poder acceder a determinadas categorías migratorias estadounidenses, salvo que posteriormente obtengan un waiver.
El punto importante es que esas condiciones forman parte del programa desde el principio y deben analizarse junto con la oportunidad académica y financiera, especialmente si el candidato está pensando también en opciones de trabajo en Estados Unidos después de graduarse.
Viajar y empezar la maestría
La mayoría de los programas académicos comienza entre agosto y septiembre, aunque algunos becarios llegan antes para hacer cursos de inglés u otras actividades de preparación.
"Generalmente en agosto. Algunos viajaron un poco antes, cuando tenían un nivel de inglés más bajo y tenían que consolidarlo: se fueron en julio a hacer un curso de inglés antes de ir a su universidad."
A partir de ahí, los procesos de Victoria y Bahía se separaron geográficamente. Victoria se instaló en College Park, Maryland, cerca de Washington, mientras que Bahía se mudó a Nueva York para comenzar sus estudios en Columbia.
La adaptación tampoco fue igual para ambas y estuvo influida en parte por las características de cada ciudad y por las redes que encontraron al llegar. Bahía recuerda que necesitó varios meses para sentirse completamente instalada en Nueva York.
"Honestamente creo que me llevó seis meses completar todo el ciclo de sentirme cien por ciento adaptada, feliz e instalada en Nueva York, y además tuve una mudanza en el medio."
Victoria encontró una experiencia diferente en el área de Washington, donde su círculo inicial tenía menos argentinos y una mayor proporción de estudiantes y amigos estadounidenses.
"El primer semestre fue bastante duro. A diferencia de Nueva York, donde hay muchos becarios argentinos, en Washington no somos tantos, así que me costó mucho más la parte de adaptarme a una cultura nueva, con todos amigos estadounidenses."
La comparación también muestra un criterio que rara vez aparece cuando se evalúan universidades desde Argentina: dos programas académicamente similares pueden ofrecer experiencias sociales muy distintas según el tamaño de la ciudad, la estructura del campus y la cantidad de estudiantes internacionales o argentinos que viven alrededor.
Qué aprendieron del proceso
La experiencia de ambas no siguió una secuencia especialmente ordenada. Se postularon a Fulbright una vez, no fueron seleccionadas, encontraron otra convocatoria pocos meses después y volvieron a presentar sus antecedentes cuando todavía estaban disponibles.
Esa segunda postulación terminó llevándolas a universidades y ciudades diferentes, pero con una cronología bastante parecida: Fulbright en 2022, aplicaciones universitarias durante los meses siguientes y mudanza a Estados Unidos en 2023.
"Apliquen aunque piensen que no se va a dar, porque uno nunca sabe. Nosotras dos tuvimos, en cuatro o seis meses, el no y después el sí."
Más allá de la insistencia, hay una recomendación práctica detrás de esa experiencia: una aplicación rechazada no necesariamente tiene que reconstruirse desde cero. Los ensayos, el currículum y otros materiales pueden revisarse y reutilizarse para convocatorias posteriores.
"Reciclen las aplicaciones. Si en algún momento las rechazaron, volvé a usarla, mejorala y enviala de nuevo."
Fulbright tampoco es la única alternativa disponible. Según el país de destino y el tipo de programa existen otras convocatorias internacionales, entre ellas Chevening, Erasmus y Fundación Carolina, además de becas propias de universidades y organizaciones externas.
El proceso completo llevó varios meses y combinó decisiones académicas, económicas y migratorias. Para Victoria y Bahía, buena parte del trabajo estuvo menos en completar un formulario particular que en coordinar al mismo tiempo exámenes, ensayos, listas de universidades, financiamiento y plazos, mientras cada respuesta iba modificando las opciones disponibles.
