Etapa III · Financiar
De Ecuador a Maine con ayuda financiera completa: la experiencia de Mateo Morales en Bowdoin College
Mateo Morales · 12 de septiembre de 2026

Mateo Morales creció en Yaruquí, una parroquia rural al este de Quito, y terminó el colegio con una idea que nadie en su familia había recorrido antes: estudiar una carrera universitaria en Estados Unidos. Entró a un programa que acompaña a jóvenes latinoamericanos durante el proceso de postulación, armó una lista de alrededor de diez universidades y en 2025 comenzó sus estudios en Bowdoin College, en Maine. La ayuda financiera de la universidad cubre matrícula, alojamiento, comida y seguro médico durante los cuatro años. Hoy cursa el segundo año.
Mateo no llegó a Bowdoin después de un intercambio, una tradición familiar o una universidad que hubiera conocido desde chico. La idea de estudiar en Estados Unidos empezó por iniciativa propia y tomó forma a medida que fue entendiendo cómo funcionaban las admisiones, qué universidades podían ofrecer ayuda financiera a estudiantes internacionales y qué necesitaba construir para tener una posibilidad real de entrar. Dos años después de empezar esa búsqueda, se mudó de Ecuador a Maine para comenzar una carrera universitaria con sus principales costos cubiertos.
Convertir una idea propia en un plan
Cuando le preguntan de dónde salió la idea de estudiar en Estados Unidos, Mateo no señala un momento específico ni una persona que lo haya empujado a hacerlo. Su respuesta es mucho más sencilla: “Interés personal”.
Lo que sí apareció después fue una estructura que le permitió convertir ese interés en una postulación concreta. Mateo fue seleccionado para un programa de una academia que acompaña durante un año a jóvenes de América Latina interesados en aplicar a universidades de Estados Unidos. El apoyo incluía orientación individual, revisión de ensayos, ayuda con traducciones y acompañamiento para organizar las distintas etapas de la aplicación.
Para Mateo, ese acompañamiento fue especialmente importante porque estaba entrando a un sistema que no conocía de primera mano. No había en su familia alguien que hubiera hecho el mismo proceso y tampoco bastaba con encontrar universidades que le gustaran: tenía que identificar instituciones donde un estudiante internacional que necesitaba ayuda financiera tuviera posibilidades reales de hacer viable la carrera.
Esa diferencia terminó marcando toda la búsqueda. Antes de pensar solamente en prestigio, ubicación o carrera, necesitaba entender qué universidades ofrecían financiamiento a estudiantes internacionales y cómo funcionaban esas políticas.
Armar una aplicación desde Ecuador
Una vez que tuvo la lista, llegó el trabajo de construir la carpeta. Mateo lo resume de una manera bastante directa.
“Presentación del colegio, dos cartas de recomendación, declaración de impuestos de mis padres. Completar la aplicación del Common App. No me costó nada, todo fue cubierto por mi programa.”
La Common App le permitió utilizar una misma plataforma para postular a varias universidades, aunque cada institución podía sumar sus propios ensayos y requisitos. Las cartas las pidió a profesores y mentores que lo conocían de su colegio, mientras que la documentación financiera servía para que las universidades que ofrecen ayuda basada en necesidad económica pudieran calcular el apoyo correspondiente.
El programa que lo acompañó también cubrió los gastos asociados con el proceso. Eso significó que exámenes, documentos y postulaciones no se convirtieran en una barrera antes de que las universidades siquiera evaluaran su candidatura.
Para un estudiante que empieza desde otro país, esa parte puede pasar desapercibida: aplicar también cuesta dinero. En el caso de Mateo, contar con un programa que absorbiera esos gastos le permitió concentrarse en construir una aplicación competitiva sin ir descartando opciones solamente por el costo de postular.
Elegir bien dónde aplicar

Mateo terminó enviando solicitudes a aproximadamente diez universidades.
“Apliqué a aproximadamente diez universidades. No negocié nada después de la admisión.”
La cantidad es importante, pero más importante fue cómo se armó esa lista. Para un estudiante internacional que necesita un nivel alto de ayuda financiera, no todas las universidades estadounidenses funcionan de la misma manera. Algunas ofrecen poca o ninguna ayuda a extranjeros; otras pueden cubrir una parte; y un grupo mucho más reducido puede llegar a cubrir prácticamente todo el costo demostrado por la familia.
Bowdoin pertenecía a ese último grupo y, además, evalúa a los estudiantes internacionales sin utilizar la capacidad de pago como criterio para decidir la admisión. Una vez que un estudiante es admitido, la universidad calcula la necesidad financiera de la familia y arma un paquete de ayuda para cubrirla.
Para Mateo, entender esas diferencias fue una de las partes más importantes del proceso y también una de las que hoy mejoraría si tuviera que empezar de nuevo.
“El proceso de búsqueda previo a la aplicación de universidades.”
La reflexión es simple, pero cambia bastante la estrategia. Una buena lista no se arma solamente preguntando dónde le gustaría estudiar a alguien, sino cruzando intereses académicos, posibilidades de admisión y políticas de ayuda financiera. En su caso, investigar mejor esa combinación desde el principio habría hecho el proceso todavía más eficiente.
Un solo examen de inglés
A diferencia de muchos estudiantes que preparan SAT, ACT y exámenes de idioma al mismo tiempo, Mateo rindió solamente el Duolingo English Test para demostrar su nivel de inglés. Bowdoin acepta ese examen junto con otras alternativas y, además, es test optional para SAT y ACT, por lo que no necesitó sumar otro examen estandarizado a su aplicación. El Duolingo también fue cubierto por el programa que lo acompañaba.
Eso le permitió dedicar más tiempo a otras partes de la postulación: los ensayos, las recomendaciones, la selección de universidades y la documentación financiera. En procesos de admisión tan competitivos, reducir requisitos que no son necesarios también puede ser una decisión estratégica.
Llegar a una universidad que podía hacerlo posible
En 2025, Mateo fue admitido en Bowdoin College, una universidad pequeña y residencial en Brunswick, Maine. La admisión llegó acompañada de ayuda financiera que cubre los principales costos de estudiar allí durante los cuatro años.
“Matrícula, costo de vida, pasajes, seguro médico. Cuatro años.”
origen
Quito
destino
Brunswick, Maine
institución
Bowdoin College
Bowdoin cubre la necesidad financiera demostrada de sus estudiantes admitidos mediante ayuda institucional y sin incluir préstamos en el paquete. Para Mateo, eso transformó una admisión académica en una opción que efectivamente podía tomar.
La escala de ese apoyo se entiende mejor cuando se mira el costo total de una universidad residencial en Estados Unidos. Matrícula, alojamiento, comida y seguro médico pueden llevar el presupuesto anual a decenas de miles de dólares. En una institución como Bowdoin, donde buena parte de la experiencia universitaria ocurre dentro del campus, esos componentes no son accesorios: forman parte central del costo de estudiar. Por eso, para Mateo, la ayuda financiera no fue un beneficio adicional que apareció después. Fue una condición necesaria para poder estar allí.
La parte que no podía controlar del todo
Cuando le preguntan qué fue lo más difícil del proceso, Mateo no habla de los ensayos, los documentos ni el examen de inglés.
“Ser aceptado.”
La respuesta resume una realidad de las universidades altamente selectivas: llega un punto en el que el estudiante puede preparar una buena aplicación, elegir cuidadosamente sus recomendaciones, escribir sus ensayos y construir una lista inteligente, pero no controlar la decisión final.
Bowdoin recibe miles de postulaciones para una cohorte relativamente pequeña, y para un estudiante internacional que además necesita ayuda financiera completa el universo de universidades con políticas suficientemente generosas es todavía más reducido.
Eso hace que el trabajo previo sea especialmente importante. Mateo no podía garantizar una admisión, pero sí podía aumentar sus posibilidades construyendo una lista realista, entendiendo qué instituciones apoyaban a estudiantes internacionales y presentando una aplicación que mostrara con claridad quién era y qué podía aportar. Su admisión a Bowdoin fue el resultado de ese proceso.
Llegar desde Ecuador a Maine
El cambio no fue solamente académico. Mateo pasó de crecer en Yaruquí, cerca de Quito, a vivir en un college residencial en una pequeña ciudad de Maine, donde buena parte de la vida cotidiana sucede dentro del campus.
“La calidad de vida es cara en comparación a Ecuador.”
La ayuda financiera resolvió los costos principales de la universidad, pero mudarse a otro país también implica aprender a manejar gastos y rutinas distintas. El contraste entre Ecuador y Maine forma parte de la experiencia de estudiar afuera tanto como las clases.
Hoy, en su segundo año, Mateo ya está del otro lado de la parte del proceso que antes parecía más difícil: investigar universidades desde Ecuador, sostener alrededor de diez aplicaciones y esperar las decisiones sin saber cuál, si alguna, terminaría convirtiéndose en una opción viable. Todavía le quedan varios años de carrera, pero ya tiene una perspectiva que no tenía cuando empezó.
No rendirse antes de enviar la aplicación
Cuando piensa en otro estudiante de Ecuador que está mirando universidades estadounidenses y siente que el proceso es demasiado largo, complicado o lejano, Mateo no intenta hacerlo parecer fácil.
“Que no se rinda por más tedioso que resulte el proceso.”
Su propia experiencia muestra por qué. La idea empezó de manera personal, sin un camino familiar que copiar y sin saber exactamente cómo funcionaban las admisiones estadounidenses. Después un programa lo ayudó a ordenar la búsqueda, una lista construida alrededor de universidades que podían ofrecer el apoyo que necesitaba y meses de trabajo para completar cada aplicación.
Dos años después, Mateo estaba empezando su carrera en Bowdoin con ayuda financiera para toda su carrera universitaria.
Si hoy pudiera volver al comienzo, investigaría todavía mejor antes de armar la lista. Pero no cambiaría la decisión de intentarlo.
