Etapa III · Financiar
De San Pedro Sula a Rice University con Fulbright: la experiencia de Gisselle Wolozny
Gisselle Wolozny · 21 de septiembre de 2026

Gisselle Wolozny es abogada, de San Pedro Sula, Honduras, y construyó su carrera entre el servicio público, organismos internacionales y comunicación política. Trabajó en la embajada de Honduras en España y en las Naciones Unidas, y más adelante cofundó CENTURIA, una consultora de estrategia y comunicación política. Hacer una maestría en Estados Unidos era una meta que tenía desde hacía años y sabía que necesitaba financiamiento para volverla posible. Después de un proceso de casi dos años, en agosto de 2026 comenzó el Master of Global Affairs de Rice University con una combinación de apoyo de Fulbright y financiamiento de la universidad.
Gisselle llevaba menos de un mes de clases en Houston cuando contó su historia. Para entonces, el proceso que la había llevado hasta Rice había durado mucho más que la mudanza: exámenes, ensayos, recomendaciones, cuatro universidades y varias decisiones que tuvo que tomar con información académica y financiera sobre la mesa. El resultado fue una maestría completamente financiada y alineada con el tipo de trabajo que quiere seguir haciendo.
Una meta que venía de antes
“Estudiar un máster en Estados Unidos siempre fue una meta profesional para mí. Estaba consciente de que la única manera viable de lograrlo era a través de la beca Fulbright.”
Gisselle se graduó de Derecho en la Universidad Tecnológica Centroamericana (UNITEC) y fue construyendo una trayectoria vinculada con política, asuntos públicos y cooperación internacional. Trabajó como especialista política en la embajada de Honduras en Madrid, pasó por ACNUR en tareas relacionadas con reasentamiento y, en 2025, cofundó CENTURIA, una consultora dedicada a estrategia y comunicación política.
Para cuando decidió postular a Fulbright, la maestría en Estados Unidos no era un cambio de dirección sino una continuación bastante natural de ese recorrido. Quería profundizar en temas de gobernanza, democracia y desarrollo político, pero hacerlo implicaba encontrar una forma de cubrir una inversión que de otro modo no era viable.
El proceso completo, desde que empezó a preparar la postulación hasta que llegó a Houston, tomó alrededor de dos años. Fulbright no se resuelve solamente con una aplicación inicial: después vienen los exámenes, la selección, la lista de universidades, las postulaciones y las decisiones de admisión y financiamiento de cada institución.
Prepararse para más de una universidad
Una parte importante de ese proceso fue rendir los exámenes que podían pedir tanto Fulbright como las universidades. Gisselle hizo TOEFL, Duolingo English Test y GRE, una combinación que le permitió mantener abiertas distintas opciones mientras todavía no sabía dónde terminaría estudiando.
También tuvo que elegir con cuidado a las personas que escribirían sus recomendaciones. Buscó perfiles que pudieran hablar de ella desde momentos distintos de su formación y su carrera.
“Un profesor universitario, un exjefe y un director de una beca que gané.”

Con los exámenes, las cartas y los ensayos listos, llegó el momento de armar la lista de universidades. Gisselle terminó postulando a cuatro, y desde el principio el proceso implicó mirar algo más que el contenido académico de cada programa.
Cuando el financiamiento también define la decisión
Gisselle llegó al tramo final con más de una posibilidad sobre la mesa. Como ocurre muchas veces en procesos con becas externas, la decisión no dependía solamente de dónde había sido admitida, sino también de cómo se combinaba el apoyo de Fulbright con el financiamiento que ofrecía cada universidad.
“Aunque hubo un proceso de negociación, no logré irme a mi primera opción por una diferencia que el financiamiento de Fulbright no cubría.”
En lugar de forzar una alternativa que dejaba una brecha difícil de sostener, terminó mirando el paquete completo: programa académico, financiamiento y viabilidad. Rice fue la universidad que ofreció el apoyo económico más fuerte dentro de sus opciones.
“Apliqué a cuatro universidades y Rice fue la que más financiamiento me otorgó.”
Esa combinación terminó haciendo posible una maestría que, además, encajaba muy bien con su trayectoria en política, gobernanza y asuntos internacionales. Más que abandonar una primera opción, Gisselle amplió el criterio con el que estaba tomando la decisión y terminó eligiendo una alternativa sólida tanto académica como financieramente.
Hacer que los números cerraran
En Rice, el financiamiento de la universidad y el apoyo de Fulbright se complementaron. Según Gisselle, Rice cubrió la matrícula del programa, mientras que Fulbright aporta otros componentes necesarios para estudiar y vivir en Estados Unidos durante la maestría.
Más que una sola beca que resolviera todo, el resultado fue una combinación de fuentes que permitió que el programa quedara cubierto.
Para Gisselle, esa fue una de las lecciones más importantes del proceso: no alcanza con mirar si una universidad admite o incluso si ofrece una beca. Hay que entender cómo se arma el paquete completo y qué parte, si alguna, seguiría quedando a cargo del estudiante.
Es algo que hoy habría investigado con mucho más detalle desde el principio.

origin
San Pedro Sula
destination
Houston, Texas
institution
Rice University
Un programa conectado con lo que ya venía haciendo
El Master of Global Affairs de Rice es un programa profesional de dos años vinculado con el Baker Institute for Public Policy y la School of Social Sciences. Gisselle eligió la orientación de International Political Development, una decisión bastante coherente con el tipo de trabajo que había hecho en Honduras y con los temas que quiere seguir desarrollando.
La especialización le permite profundizar en áreas vinculadas con gobernanza, desarrollo político y asuntos internacionales, mientras que el programa suma una dimensión práctica a través de una pasantía y un trabajo final aplicado.
Para Gisselle, la elección no fue solamente académica. Después de varios años moviéndose entre gobierno, organismos internacionales y consultoría política, la maestría le ofrecía una forma de ordenar esas experiencias dentro de una formación más amplia en asuntos globales.
Ampliar el plan sin perder la meta
Cuando piensa en la parte más difícil del proceso, Gisselle no menciona ninguno de los tres exámenes ni los meses de aplicaciones. Lo que recuerda es el momento en que tuvo que aceptar que el camino que había imaginado inicialmente podía cambiar sin que eso significara renunciar al objetivo.
“Dejar ir el camino que tenía imaginado y confiar en los planes de la vida. Saber que lo que es para uno llegará a su manera. Ser flexible, porque existen varios caminos para llegar a una misma meta.”
En su caso, esa flexibilidad significó dejar de pensar la universidad como una decisión basada solamente en cuál era su favorita y empezar a mirar el conjunto: programa, financiamiento, posibilidades profesionales y viabilidad real.
La experiencia también cambió lo que haría si tuviera que empezar de nuevo.
“Tener más claro los números y políticas de Fulbright. Investigar universidades que sí se alineen con eso para tener expectativas más realistas sobre el proceso.”
No se trata de elegir una universidad solamente por precio, sino de incorporar el financiamiento desde el principio de la búsqueda, en lugar de descubrir al final que una opción que parecía ideal deja una diferencia imposible de cubrir.
Confiar en el proceso sin dejar de hacer preguntas
Cuando habla con alguien de Honduras que está pensando en seguir un camino parecido, Gisselle vuelve a la misma idea que terminó marcando su propia experiencia: mantener claro el objetivo sin aferrarse demasiado a una única manera de llegar.
“Estar abierto a nuevas posibilidades. Confiar mucho en el proceso y que terminarás donde debes estar. El proceso de aplicación es una oportunidad para reflexionar sobre el camino que has recorrido, las experiencias que te han formado y el impacto que esperas generar en los próximos años.”
Gisselle acaba de empezar sus dos años en Houston. Todavía le quedan la mayor parte de la maestría, una pasantía y la posibilidad de seguir profundizando en los temas que ya venía trabajando antes de llegar.
Rice terminó reuniendo las tres cosas que necesitaba para dar el siguiente paso: un programa alineado con su trayectoria, un entorno académico fuerte en asuntos globales y un paquete de financiamiento que hacía viable la experiencia. Después de casi dos años de preparación, en agosto de 2026 llegó a Houston para empezar una etapa que había imaginado mucho antes de saber exactamente dónde iba a ocurrir.
